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viernes, 22 de enero de 2021

AL ATARDECER // CAPÍTULO V

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO V

 

Se despertó sobresaltado al oír ruido abajo. Iba a llamar a Thor cuando lo vio de pie en la puerta del dormitorio, con el pelo del lomo erizado y gruñendo de una manera muy distinta a como lo hacía normalmente. Bajó rápidamente acompañado por él, y al llegar al final de las escaleras, observó algo que le desconcertó. Su mochila estaba tirada en el suelo con todo lo que había en su interior esparcido. Los cajones abiertos y registrados.

De repente oyó un murmullo en el exterior, disipándose cuando alcanzó la puerta y salió a la calle. No era muy oscuro gracias a las tres farolas que alumbraban el exterior, aunque sí había una niebla clara, que no hubiese impedido ver a alguien.

—Madre mía Thor. ¿Qué coño ha pasado?

—Vamos a la cama e intentemos dormir, quedan más de cinco horas para que amanezca.

—Buenos días, ¿cómo está mi perrete después del susto de anoche? Vamos a bajar al pueblo a comprar más alimento, que estoy comiendo como si no hubiera un mañana y el frigorífico no se llena solo— Le comentaba mientras se preparaba su café.

Se sentó frente a la ventana. El cielo estaba parcialmente nublado, dando una sensación de frio que no existía, como pudo comprobar cuando salió para bajar a Taramundi. Observó ese gran pedazo de naturaleza que le ofrecía la ventana y la vida que bullía en ella.

Realizada la compra de todo lo que podía necesitar, dio un paseo por el pueblo.

—Thor, no sé si te lo he comentado alguna vez, pero las casas que estamos viendo, construidas en piedra, siempre me han encantado. Pequeñas fortalezas que te protegen de todo aquello real o imaginario, que nos hace buscar su refugio. Me gusta imaginar estar en su interior, acompañado por el crepitar de los leños ardiendo, mientras observas por la ventana, como el cielo deja caer una sonora lluvia, acompañada de rayos y truenos, o una silenciosa nevada, que lo viste todo de blanco cegador cuando el sol se une a ella.

Es muy diferente a nuestra tierra, no solo en la construcción, sino en la forma de trabajar con la ganadería o con la agricultura, en la alimentación, en los eventos festivos y en la importancia de los seres mitológicos, muchos de ellos producto del pueblo Celta y que pasaron e imagino que pasaran de padres a hijos, como se debería de hacer en nuestra tierra, porque eso es parte del saber no escrito heredado de nuestros mayores y que ningún pueblo debería dejar perder.

Nel se encontraba recostado en la cama y junto a él Thor, su inseparable amigo. Absorto en la lectura de la novela “Regreso a tu piel” y ensimismado imaginando a un hermoso frisón de crines largas y acaracoladas, con un negro brillante en su piel que envolvía una masa muscular envidiada por cualquier adonis. Le maravillaba ese animal. Incorporándose velozmente se dirigió a Thor — ¿Has oído eso?— Hay gente fuera. Abrió la ventana para asomarse al exterior.

—No se ve a nadie campeón. Habrán sido imaginaciones mías— Le dijo mientras escudriñaba el exterior.

—Mira, otra vez el de la linternita. ¿Qué narices hará ahí?

No alcanzó la fase rem cuando escuchó una voz “Ven” repetida hasta en tres ocasiones, acompañada de un fuerte ruido en el exterior. Saltó de la cama y bajó veloz las escaleras, estrellándose con un jarrón colocado en el descansillo y que no sabía que narices hacia eso en un sitio tan inadecuado. Abrió la puerta y salieron los dos a la calle, miró a un lado y al otro, y no vio nada. Más calmado, y al entrar en la casa se percató de que la barbacoa situada junto a la mesa, estaba volcada.

—Madre mía, como todas las noches sean así, esto va a ser un duermevela.

 

AL ATARDECER // CAPÍTULO IV

 

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO IV

 

No serían ni las tres de la madrugada, cuando un ruido en la planta de abajo le despertó de manera sobresaltada —Thor— lo llamó Nel. Subió rápidamente por las escaleras, haciéndolas crujir con sus uñas.

— ¿Que has hecho ahí abajo? —le dijo mientras bajaba, para ver qué había producido el ruido.

— ¡Dios Thor! ¿Qué te pasa? Anoche me despertaste con tus gruñidos, y ahora has tirado el jarrón y las velas de la mesa. Tienes que tranquilizarte, esta va a ser nuestra casa por muchos días, así que por favor, relájate. Y subamos a la cama ¡Traste!

El día había amanecido con una ligera llovizna, y un aroma a tierra mojada que casi tenía olvidado por culpa de muchos meses sin llover en su tierra. Se sirvió su café frente a la ventana, deleitándose observando como esa fina cortina de lluvia, sin gotas definidas, impregnaba todo lo que alcanzaba a ver, se relajó mirando como la vida seguía su discurrir con apenas unos cambios imperceptibles para el caminante, los petirrojos, el gorrión, los mirlos y otras aves no dejaban de ir de un lado para otro, buscando un alimento que la humedad hacía salir a la superficie de la tierra. En la lejanía, en el prado frente a su ventana, separado por el caudal del río Turia, el cual formaba un barranco de dimensiones descomunales, de difícil acceso a pie y con un gran rodeo para llegar a él, advirtió que entre las vacas, vagaba un raposo, con la trufa pegada al suelo y un zigzagueante movimiento, haciendo algunas paradas para escuchar. Dando en un tris un gran salto, y cogiendo algún incauto animalillo que le serviría de desayuno, corrió hacía los matorrales donde quedó oculto de miradas indiscretas, quizá saboreando tan exquisita presa, así, en este estado de contemplación y tomando su café con una parsimonia que no era habitual en él, dejó pasar el tiempo.

Caminando por el bosque se sentía abrumado ante la grandeza de lo que sus ojos veían. Se encontraba en una madeja de vida, de simbiosis entre tan distintos seres vivos, que cualquier creación obrada por el ser humano, no dejaba de ser una burda imitación a la simplicidad de lo creado por algo en que el hombre no había participado. Da igual a donde sus ojos se dirigiesen, porque esas miles de vidas, creaban un solo ser, “el bosque”.

—Vamos a la cama Thor. Mañana me gustaría madrugar para ver amanecer y alejarnos un poco más de nuestro entorno, hasta que agotemos nuestras energías.

No eran más de las cuatro de la mañana cuando volvió a oír a Thor caminando por la madera y gruñendo con bastante temor.

— ¡Dios Thor! ¿Qué pasa otra vez?— Le dijo Nel mientras se levantaba y se acercaba hacia la ventana en la que estaba él. Escudriñando en la dirección que estaba mirando su fiel amigo, observó un punto de luz que se desplazaba muy suavemente hacia la niebla que se posaba en lo más alto de los pastos que estaban frente a la casa.

— ¿Qué pasa Thor? —Le dijo mientras miraba por la ventana— ¡Ah! un burro, se habrá escapado. ¿Te ha asustado? ¿O quieres salir a correr un poco? Primero vamos a desayunar. Hoy nos espera una caminata larga y fatigosa, vamos a subir al lugar en el que vimos la linterna.

Bajaron por el sendero que llevaba al puente para poder cruzar el barranco. A partir de éste, junto a la ermita de Santo Domingo, comenzaba un estrecho sendero, hecho por el ser humano o por los grandes herbívoros que transitaban por el lugar. Visto desde el punto en el que estaba, todo el trayecto era una subida, siendo consciente de que le resultaría difícil llegar hasta el lugar que él quería. Pasaron al lado de los pastos, donde unas vacas se encontraban herbajando. Saludó con la mano en alto, al que debería de ser el dueño, devolviendo éste el saludo. Cuando él creía que estaba en el lugar en el que vio la luz, se sintió afortunado al contemplar las magníficas vistas que le brindaba, olvidándose del cansancio de la subida. Comenzó a revisar concienzudamente el lugar, fijándose en todos los detalles. Poniendo especial atención en los senderos realizados por grandes mamíferos. Pues creía que la luz que vieron podría ser de alguien que estuviese realizando alguna actividad furtiva. Estaba con esta inspección, cuando vio en un claro del bosque, lo que parecía ser una construcción. Ávido de curiosidad se encaminó hacia ella, comprobando que efectivamente se trataba de dos edificaciones. No eran muy grandes, aproximadamente podría tener unos seis metros de fachada por un poquito más de fondo la mayor. Toda ella de piedra, ennegrecida por el paso del tiempo, dividida en dos plantas. Al margen izquierdo tenía una cubierta sin paredes, que sin lugar a dudas sería para el depósito de leña para la cocina o la chimenea, con el fin de que ésta no se mojase con las abundantes lluvias de la zona y así evitar la dificultad en el encendido y el excesivo humo que produciría al estar húmeda. Al lado derecho lo que parecía un establo, en este caso de una sola planta y algo más pequeño, con una única puerta muy pequeña y ventana en igual proporción.  La casa grande tenía en su parte delantera baja, una ventana y contraventana de madera, estando una de ellas caída en el suelo y la otra colgando del mecanismo que hacía de bisagra, una puerta de cuarterones partida, se podía notar que era madera más trabajada, pero que el paso del tiempo le había quitado la protección, cuarteándola y dando la impresión de que llevaba muchos años sin abrirse. En la planta alta dos ventanas igual a las de abajo y unidas por un corredor cerrado en media altura con postigos acristalados algunos y otros sin cristal o con el vidrio roto. En la parte trasera de las casas se encontraba un cortado que él creía debía de tener la altura de cinco pisos. Haciendo inviable el acceso a las casas por ese lugar.

Volvió sobre sus pasos de vuelta a su casa. Divisó a una mujer de aspecto joven, sin poder verla bien por la distancia a la que se encontraba y la escasez de luz. Llegó a casa cuando ya era noche cerrada, con una notable bajada de las temperaturas.

Cenó frente a la ventana, y saboreó ya su copita de licor y el que sería el último cigarrillo del día. Contemplaba como la niebla se dejaba caer sobre el lugar en el que hacía unas horas estuvo él.

—No sé cómo alguien pudo construir una casa en un lugar tan inaccesible como ese. Aunque bien pensado, por el lugar que nosotros hemos accedido y teniendo en cuenta que antes solo se movían a pie o con cabalgaduras, no es tan raro. Pero no deja de ser extraño para mí el sitio. ¿Quién viviría ahí? ¿Cómo se ganaría la vida? Claro que todo lo miro desde el momento actual, en que todo lo tenemos tan a mano.

 

AL ATARDECER // CAPÍTULO III

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO III

 

— ¡Thor! ¿Qué pasa? —le dijo mientras él no dejaba de gruñir en dirección a la ventana— Por favor duerme.

— ¡Thor coño! deja de gruñir. No hay nadie fuera— Pero su fiel amigo no cejaba en su empeño, erguido sobre sus patas traseras y apoyadas las delanteras en el alfeizar de la ventana.

Se levantó Nel de la cama y se asomó a la ventana, escudriñando el exterior —No hay nada campeón— Habrá sido algún animalillo vagando en busca de alimento o cobijo.

— ¡Vamos arriba valiente! Vaya noche que me has dado.

Hoy vamos a hacer el sendero que está señalizado más abajo. Mientras caminaban Thor no dejaba de alertarse por unos pequeños ruidos que venían de diferentes lugares de manera intermitente. —Thor. Son las castañas al caer, deja de estar tan alerta que aquí no hay peligro alguno.

—Al volcar al otro lado de la montaña, se sintió bastante agradecido, observando que el recorrido iba a ser a media ladera. Cuando llevaban aproximadamente la mitad de la ruta, vio una zona despoblada del bosque, por la que transcurría el sendero, con  unas cuantas vacas pastando en él.

Nel amarró a Thor para evitar una situación embarazosa, pues era la primera vez que iba a caminar tan cerca de las vacas y temía que tuviese una reacción predadora, genéticamente heredada de sus antepasados, como solía hacer en su tierra cuando veía un rebaño de ovejas o cabras. Confirmando su miedo cuando Thor las vio y empezó a dar tirones de la correa, mirándolo y saltando como súplica para que le concediera la libertad de poder correr hacia ellas.

—Mira Thor! Una cochina con sus bermejos. No se te ocurra ir para allá que llevas una clara desventaja y no estoy tan cerca como para llevarte a cuestas si te alcanza la madre. Quieto —le ordeno a Thor mientras sacaba algunas fotografías.

 

 

jueves, 14 de enero de 2021

Pensamientos

Hoy quiero escribir sobre mis pensamientos en relación al covid-19, ese microorganismo que ha conseguido confinarnos en nuestras casas. Supongo que muchos me conocéis aunque no de una manera profunda, por eso lo que voy a relatar os va a parecer el pensamiento de un loco, un imaginario, un idealista o cualquier otro adjetivo que os venga bien, pero no deja de ser una reflexión personal carente de cualquier prueba científica ni avalada por ninguna universidad, y eso que lo propuse a la de Massachusetts. Soy amante de la naturaleza, eso creo que sí lo sabéis, amo la vida que no he vivido, siempre he deseado trabajar en el campo, tener y cuidar una pequeña granja para mi autoabastecimiento, estar en contacto directo con la naturaleza, veinticuatro horas cuidando, vigilando, buscando los mejores pastos, preocupado por las lluvias y heladas, aprovechando cuantos recursos estuvieran a mi alcance, solo eso, una vida en solitario rebosante de paz y tranquilidad, posiblemente la anhele porque no la he conocido. Pero tengo una vida tan distinta que no deja de ser una utopía la búsqueda de una comunión total con la naturaleza. Ahora, cuando son las diecinueve horas y treinta y seis minutos, observo unas calles vacías, algunas miradas perdidas desde balcones y ventanas, una pequeñaja a la que se le queda pequeño su balconcito, pero que lleva con una entereza que ya quisiéramos otros para este encierro. Siempre he pensado al igual que todos vosotros que el mundo, o mejor dicho la naturaleza, se cansaría del ser humano porque no hemos dejado de ser unos inquilinos molestos desde que empezamos a evolucionar en él, hemos ido haciendo cuantas reformas creíamos convenientes, agujereando una vez tras otra cuanto nos apetecía, dañando el suelo, rompiendo muebles, en definitiva destrozando todo lo que no nos pertenece y nunca nos pertenecerá. Somos los seres más inteligentes que habitan la Tierra, o como decimos una y otra vez nuestro planeta o nuestro mundo, Jamás hemos sido dueños de ella y nunca lo seremos, nos creemos superiores a todo lo que nos rodea y dueños de la Tierra, aun cuando todos sabemos que no nos pertenece, que nosotros moriremos y ella quedara, dañada, pero viva, y cuando mueran nuestros hijos, nietos, biznietos ella permanecerá. En varias ocasiones he tenido esta conversación con Juana Mari, y es que no dejo de pensar que todo está milimétricamente estudiado, que ha llegado el momento de recibir de una manera cruel el mensaje que en tantas ocasiones nos ha mandado. Estamos, siempre bajo el punto de vista personal, padeciendo la selección natural más cruel que recuerdo, ahora mismo me viene a la memoria la Peste y la Gripe Española, pero estas no las he vivido. Es increíble que con los avanzados que estamos en ciencia y tecnología, que hemos llegado a explorar lo que no imaginábamos, estemos ahora asustados por un bichejo cabrón que no vemos. Sinceramente, nunca pensé que esto pudiera pasar, siempre he optado por un final más holibudiense; tornados, terremotos, volcanes, congelación, pero nunca que fuese un ser microscópico el que consiguiera que la raza humana se refugiara tras una máscara y se aislaran en sus hogares. Es todo lo que está ocurriendo lo que me lleva a pensar que es un mensaje de la naturaleza, que nos está pidiendo, como seres racionales, que la cuidemos, que la respetemos, que valoremos los que nos da y que apreciemos lo bonita y asombrosa que puede ser una vida basada en el respeto a todo lo que en ella se encuentra. Quizá sea una manera de decirnos que al igual que ha evolucionado la raza humana lo puede hacer otra cualquiera e incluso seres microscópicos, que no podemos dar por sentado que ella nos pertenece, que podemos hacer cuanto nos plazca sin tener que dar, por decirlo de alguna manera, explicaciones, pues somos los seres superiores, y por encima de nosotros no existe nada, bueno excepto para los creyentes que basan su fe en que el mundo fue creado por Dios, pero eso son creencias aparte. Me gusta pensar que con la aparición de este ser aprenderemos y tomaremos notas para el cambio en nuestra forma de vida y ser condescendientes con la naturaleza, ella nos lo ha entregado todo, hagamos un buen uso de su regalo.

sábado, 2 de enero de 2021

Al Atardecer Capítulo II

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO II

 

Imposible dormir más, en esta ocasión por los nervios del viaje, aunque no comprendía el porqué de esos nervios. Quizás –Pensó— he creado demasiadas expectativas con este viaje. Se levantó, y preparo un café para tomarlo junto a Thor mientras ambos se despejaban.

—Es demasiado temprano Thor, pero estoy impaciente por salir ya. Y sería absurdo intentar dormir más, porque no podría. Nos espera un largo viaje, y si todo sale bien para las cuatro o las cinco de la tarde estaremos allí.

—Aunque creo que a ti no te importará mucho que sea largo, porque como siempre, viajarás en la parte trasera, toda para ti, y no creas que no me da envidia, —Sonrió él.

Mientras cargaba el equipaje, se liaba algunos cigarrillos para el camino, y preparaba las cosas de Thor, les dieron las seis y media. Inició el viaje ilusionado por lo que encontraría a su llegada. Nunca había necesitado viajar con tanta necesidad. ¿Seguiría siendo un paraíso? o ¿estaría superpoblada como estaba pasando en todos los sitios con el boom del turismo rural? Pensar en eso le arrancaba un hilo de dolor. Diciéndose una y otra vez que seguiría siendo un lugar precioso. Que la gente de Asturias no son personas de estropear su naturaleza y con ello su cultura tradicional, pasada de padres a hijos. Hicieron dos paradas en el camino para desayunar y comer.

—Thor, queda muy poquito para llegar, voy a parar un momento para llamar a Pepe y que nos indique la dirección a seguir para llegar a la casa. Nuestro hogar por unos días.

—Pepe, buenas tardes, soy Nel.

—Hola Nel, ¿cómo va ese viaje?, ¿le falta mucho para llegar?

—Según el GPS nos queda muy poquito para llegar, unos veinte kilómetros.

—Entonces en quince o veinte minutos estás aquí, cuando entre al pueblo siga todo recto hasta una bifurcación, gire a la derecha siguiendo dirección a Teixois, y a unos cuatro kilómetros se encontrara con un cruce, coja el de la derecha dirección a las casas rurales de Teixois. Yo no estaré, pero haré todo lo posible por ir más tarde. En la aldea hay una chica que le dirá cuál es la casa y le dará las llaves.

—Nada más adentrarse en la pequeña carretera que le llevaría a la aldea, observó como ésta transitaba en una bóveda natural, creada por un sinfín de castaños, robles, pinos y algún tipo de árbol y arbustos que él no conocía. No dejaba de mirar a un lado y otro viendo como la arboleda no dejaba pasar los rayos de sol, convirtiendo el día en atardecer.

—Hola. Soy Nel, me ha dicho Pepe que habría esperándome alguien. Imagino que es usted.

—Sí, le estaba esperando. Pepe me ha dicho que lo conduzca a la casa. Por favor sígame.

—Madre mía, que rampa. Por aquí no pasa la furgoneta.

—El coche se debe de quedar arriba en el camino, en un ensanche que se hizo para estacionamiento. La casa que le ha reservado Pepe es la que conocemos con el nombre del Batán. La calefacción del dormitorio está conectada, porque por la noche refresca mucho. Los radiadores son independientes, los puede poner o quitar a su antojo.

—Muchas gracias, voy a descargar el equipaje y dejo la furgoneta en el camino.

—No es necesario, en esta semana no viene nadie. Lo puede dejar aquí mismo.

—Gracias por todo, voy a descargar.

—De nada. Pepe me ha dicho que en el momento que pueda sube para verlo. Adiós.

Extasiado ante tanta magnitud, rodeado por bosques interminables, en los que diferenciaba los castaños —que claramente eran superiores en número— Observó como una espesa niebla o una nube tal vez, se iba apoderando de las cumbres, dejándose caer sobre ellas como una fina gasa, sin ruido, de manera calmada y con tanta intensidad que hacía desaparecer a cuantos arboles alcanzaba. Estudiando y analizando el entorno vio la mano del hombre en parte del diseño de éste. Se podía ver como en algunas zonas los árboles habían sido talados hasta su total desaparición, para dar lugar a unos pastos. Estos se encontraban rodeados por un pequeño muro de pizarra, colocada una losa sobre otra, sin mezcla ni argamasa alguna. En la ladera contempló también un muro de igual pizarra, que encerraba unos panales de abejas, como se venía haciendo desde hace muchos años, cuando el oso transitaba por estos bosques libremente. Pensar en eso le erizo el bello, siendo consciente del miedo que supondría para los habitantes encontrarse con tan magnífica bestia. Como podría él, hombre de ciudad enfrentarse a semejante encuentro. Mezclándose en esta sensación la alegría de poder verlos vagar por las montañas y el terror de encontrarse frente a frente con ellos.

—Buenas tardes, Nel.

—Hombre Pepe, que alegría de conocerlo.

—Pensé que llegaría más tarde, y cuando me ha llamado estaba en una reunión.

—No se preocupe, La chica me ha explicado todo lo referente a la casa.

— ¿Le ha sido difícil dar con el lugar?

—No que va, con sus indicaciones ha sido fácil llegar hasta aquí.

— ¿Le gusta el lugar y la casa?

—Por lo poco que he visto en el camino hasta aquí, me ha encantado. Lo que más me ha gustado es la ausencia de edificios nuevos, y con ello la masificación que todo lo destroza. Eso para mí personalmente es lo que más me gusta, demuestra que por encima del enriquecimiento personal está la sensatez y el deseo de mantener aquello que nos dejaron nuestros antecesores.

—La verdad Nel, que esto esté así es por parte de los vecinos y de la administración. Si hubiesen dejado construir hoteles, apartamentos, casas nuevas para turismo rural, hubiese sido el fin de estas montañas que son nuestra vida y donde están nuestros antepasados. Porque aparte de los nuevos alojamientos se tendría que hacer nuevas carreteras para su acceso, crear una infraestructura dañina para el bosque, con el fin de dar cabida a personas y vehículos. Sumando a esto el daño que se produciría a la fauna y flora.

—Y elegir este sitio, ¿Por qué ha sido? ¿Es que lo conocía?

—Esta parte de Asturias no. En las dos ocasiones que he estado aquí fue por la zona de los lagos. Elegir este lugar, fue porque quiero conocer esta tierra en todos sus rincones, y el motivo que me llevó a elegirlo fue internet. Miré en google maps y vi que no había grandes ciudades, y sí mucho bosque manchado con pequeñas aldeas. Además que me apetecía pasar tiempo solo en la montaña.

—Solo sí va a estar, como le comente hay muy pocas reservas. Para serle sincero solo tengo reservado dos fines de semana. Y en las fechas que estamos creo que no voy a tener muchas más. Y si no tiene prisa me gustaría comentarle lo más interesante que hay por la zona y algunos sitios para comer.

—Prisa ya no tengo Pepe —le dijo Nel riendo— Y en bastantes días no la tendré.  Necesito poner muchas cosas en orden y volver a mi vida cotidiana con las pilas cargadas. Así que mi única preocupación aquí va a ser descansar y pensar, o como se dice ahora, meditar.

Empezó Pepe con la relación de los lugares más interesantes para poder visitar, como el más profesional de los guías turísticos, pasando a continuación a relatarle por zonas de visita una serie de tabernas, restaurantes y casas de comidas, en las que se comía mucho y barato. Comentándole para finalizar el monólogo, como surgió su inmobiliaria, la que se dedicaba a comprar aldeas abandonas, palacios, casas y todo aquello que se pudiera reformar para darle vida, bien a través del turismo o como vivienda particular.

—Muchas gracias por todo Pepe.

—De nada, si necesita algo no dude en llamarme, y si le corto porque en ese momento no pueda hablar, le llamo en el momento que pueda. Adiós Nel.

— ¡Pepe! ¿Dónde está la tienda más próxima para comprar lo que vaya necesitando?

—En Taramundi hay varias.

Terminó Nel de ordenar su equipaje sin dejar de mirar a través de las diferentes ventanas que tenía la casa. Estaba contento por haber escogido esa casa, pues una vez que se marchó Pepe y la chica que le esperó, todo se quedó en un maravilloso silencio. Acordándose que aún no había llamado a María.

—Hola guapa, que ya estoy aquí en la montaña.

—Hola Nel. ¿Cómo ha ido el viaje?

—Muy bien, creía que se me iba a hacer más largo, pero no ha sido así. Perdona que no te haya llamado antes, pero entre que descargaba, ordenaba el equipaje y la visita de Pepe, el dueño de la casa, no he podido.

—Muy mal por tu parte, pero tampoco me extraña en ti. ¿Es bonito el sitio?

—Es precioso, muy diferente a nuestra tierra, todo es verdor y agua, no hay ni una zona seca, y cantidad de arroyos recorriendo las montañas y los lugares por donde he pasado, mañana saldré a dar un paseo por los alrededores.

—Y la casa, ¿te ha gustado?, ¿es muy pequeña?

—La casa es muy acogedora, es pequeñita, lo justo para Thor y para mí. Tiene dos plantas, la de abajo hace de cocina-comedor y sala de estar. La planta de arriba tiene un dormitorio con una cama descomunal, me ha dicho que mide uno ochenta, aunque yo creo que mide más. Y un cuarto de baño bastante grande. El suelo de la planta superior es de madera excepto el baño, pero madera, madera, no lo que ponen ahora para revestimiento de suelos. Y aunque es pequeña, dispone de seis ventanas. Es de piedra en su exterior, y seguramente en sus tiempos, la piedra también sería visible en su interior. Me tengo que enterar a que estaba dedicada esta casa, porque yo creo que era un establo en la parte baja y vivienda en la superior. Como he leído que era las casas humildes en los Oscos. Vamos, una gozada para mí.

—No sabes lo que me alegro de que te guste tanto. Y tú ¿Cómo estás?

—Pues en uno de mis mejores sueños, disfrutando de lo que más me gusta, viviendo lo más cerca que puedo de lo que siempre he deseado. Una naturaleza limpia, sin contaminación, en silencio. Llevo ya casi cuatro horas y aún no he oído el ruido de un motor, el murmullo de las personas al ir de un lado para otro como hormigas atareadas. Tan solo el silencioso ruido de la montaña, de sus bosques y de los diferentes pajarillos que la rodean.

—Y el entorno ¿es muy abrupto o llano?

—El terreno es bastante brusco, aquí o subes o bajas, no hay término medio. Luego, cuando empiece mis paseos para tomar algunas fotos y conocer los alrededores, te diré como lo veo.

—Ten mucho cuidado, no vayas a hacer ninguna locura por fotografiar a un bicho. Llámame de vez en cuando, si te acuerdas.

—Rio Nel— Tendré en cuenta tus consejos, ya no soy un chaval. Y tú cuídate mucho ¡Te quiero preciosa!

Después de cenar salieron a la puerta para descansar un rato antes de ir a la cama, sirviéndose un chupito de licor asturiano de café con hielo, comprado en la tienda del pueblo. Se lo tomó mientras observaba un cielo hermosamente decorado con millones de estrellas, sorprendentemente cercanas y que le hizo emocionarse dando gracias al destino por llevarle a un sitio tan bonito y embrujador.         

Al día siguiente despertó más tarde de lo normal, se sirvió el primer café, y frente a la ventana, se lió un cigarrillo de forma sosegada, sin prisas. Bajó al pueblo para completar los víveres que necesitaba para un largo periodo.

—Vamos campeón, salgamos a dar un paseo para hacer la digestión, estoy deseando de ver los alrededores.

No tenía claro si la confusión que tenía se aclararía en ese sugestivo ambiente. Pero sí había llegado a la conclusión de que lo necesitaba.

— ¿Por qué no lo habré hecho antes? —le comentaba a Thor— He esperado demasiado, prácticamente hasta el punto de llegar a asfixiarme. He conseguido agotar la paciencia de muchas personas, tratándoles de una manera distante. No entiendo  por qué no me han dicho nada,  por qué todos han callado, dejándome languidecer día a día. Toda la confianza y sinceridad que de ellos creía, resultó ser mentira. Aunque no los culpo. Siempre llevo una máscara que esconde mi dolor y sufrimiento, mis inquietudes y miedos. Nunca he abierto mi corazón de manera sincera, por miedo al rechazo. Jamás he sido honesto con las personas que me quieren ni conmigo mismo. He deseado morir, para evitar lo que creía inevitable, la soledad. Y empiezo a ser consciente de que esa soledad la he creado yo, con mi desconfianza, con la cerrazón de mis pensamientos hacia ellos. Que absurdo todo. Para evitar estar solo, me he aislado. Si amigo mío, he creado mi propio destino.

A veces me siento agotado, incapaz de seguir adelante, desando que todo llegue a su final, de que mi paso por esta vida acabe y con ello recobrar la paz, acabar con la incertidumbre que tanto daño me está provocando. Pero cuando veo, lo que nos rodea, pienso que todos podemos tener una segunda oportunidad, que no importa la edad. ¿Quizás esté en el sitio equivocado? Tal vez debería abandonarlo todo y empezar desde cero en un ambiente que me atrae, que de alguna manera me pertenece. Pero por otra parte, cómo abandonar mis recuerdos, los años pasados, los fracasos y los aciertos, las personas que quiero aunque no lo diga muy a menudo. Cómo afrontaría el desarraigo de algo con lo que llevo viviendo  más de medio siglo. Solo deseo que cuando termine esto, sea capaz de ver las cosas con más claridad, y que la decisión que tome sea la correcta. Pero por lo pronto vamos a disfrutar hasta el último momento de este lugar, en el que sí he acertado.

Llevaba caminando bastante tiempo, y disparadas algunas fotos, cuando decidió parar a comer. El lugar invitaba a una parada, a saciar el apetito con la contemplación de la vida que fluía a su alrededor.

Sentado sobre la hojarasca caída y apoyada la espalda en el viejo tronco de un castaño, dejó pasar el tiempo.

—Volvamos a casa guapo. Una duchita, la cena y  a ver el anochecer sentados e la puerta de nuestra pequeña casa.  

Hacía una temperatura agradable para esa época de año. Fue a tomar asiento en el banco que lo hizo la noche pasada, pero como recordó que no fue lo cómodo que él deseaba, entró en la casa y sacó de su interior un sillón ligero que haría su momento de meditación e introspección mucho más agradable. Hasta que el sueño le venciera.

jueves, 31 de diciembre de 2020

AL ATARDECER // CAPÍTULO I

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO I

El aullido del lobo, como cada día, de lunes a viernes a las seis y media. La alarma del móvil le comunicaba que un nuevo día comenzaba. No la paraba en el momento, dejándola sonar para trasladarlo a un lugar del norte. Cerraba los ojos y se dejaba llevar a un mundo creado por él. Deleitarse con el solo pensamiento de estar junto a ellos, en el lugar que por derecho les pertenece. Despertar con su lamento, con el lamento del que poco a poco pierde el mundo heredado, del que es hostigado y perseguido hasta su muerte por el solo hecho de nacer lobo. A veces tan real que le parecía sentir la brisa del aire que pasaba sigilosa entre los arboles del bosque, el olor a tierra mojada por la llovizna de la noche, el alboroto de los pájaros al desperezarse. Observar como el sol empujaba a las sombras, ganándole terreno a cada paso, dejando ver la belleza de aquello que ocultaban.

Pero en esta ocasión, como venía siendo frecuente, no necesitó de su sonido para despertar. Desde hace ya bastante tiempo, le costaba conciliar el sueño, y las veces que lo hacía, no conseguía dormir más de tres o cuatro horas. Y así, uno tras otro pasaban los días, que cada vez más se le hacían interminables, tediosos y agotadores. No recordaba cuando fue la última vez que durmió una noche entera. No dejaba de darle vueltas con intención de saber qué provocaba ese insomnio.

Una vez aseado y como algo automático, preparó su café y su primer cigarrillo de la jornada, lo que le producía un pequeño placer. Preparando cual actor hollywoodiense, la imagen de una persona que según la opinión de todos, era optimista, alegre, adorable, siempre con una sonrisa en sus ridículos labios. Pero la realidad era otra muy distinta. En sus momentos de soledad junto a Thor, era totalmente distinto en su forma de ser. Lo que le llevaba a no saber quién era en realidad.

Tenía ya un poquito más de medio siglo, y cada vez más se cuestionaba su vida. Qué estaba haciendo con ella, qué papel le había tocado desempeñar en este mundo que él no conseguía encontrar. Por qué no encontraba la compañía tan deseada, esa persona que le hiciera más llevadera su existencia, con la que despertar cada mañana, a quién decirle adiós sabiendo que pronto la vas a volver a ver. Con quién discutir por temas sin importancia, sabiendo que luego vendría la más agradable de las reconciliaciones. Alguien a la que pudiera comentar como ha ido el día, con quien poder salir a tomar una copa sin escuchar absurdas escusas, o simplemente, como la mayoría de los seres humanos, poder dormir abrazado al ser amado.

Y fue en esa mañana cuando decidió que haría todo lo posible por dedicarse un tiempo para encontrarse, salir de la monotonía en la que se había convertido su vida e intentar conservar lo único que aún tenía, su trabajo y compañeras. No dándose tregua decidió que el próximo fin de semana se pondría manos a la obra para realizar esa ansiada y a la vez necesaria escapada.

El sábado, fuera de lo que venía siendo la tónica general, le obsequió con un sueño de los que tanto añoraba. Observó a través de la ventana como el amanecer empujaba a la noche para su retiro, presentando un tono plomizo, signo de la pronta aparición del sol, que en esa mañana, al no haber ninguna nube en el horizonte, le regalaría un día luminoso y agradable, llevándole este pensamiento a la esperanza que lo planeado los días anteriores seria fructífero.

Y con la firme decisión de afrontar un día agotador enganchado a su portátil y a su móvil, pero con la determinación de no darse por vencido, bajó como cada día que no iba a trabajar a las perreras que se encontraban al final del huerto, aproximadamente a la distancia del ancho de un campo de fútbol. Donde uno por uno fue saludando a sus perros. Acompañado de Thor, por el que sentía una especial debilidad. Era un Pastor Alemán con un carácter equilibrado, quedando junto a Nel como el amigo fiel que no encontraba en los humanos. Desde que apareció en su vida se convirtió en su sombra, compartiendo todo el tiempo que podían estar juntos. Formando ambos un solo ser. Había algo en él, que no sabía explicar, pero que fue el detonante de esa amistad inquebrantable. Se sentía muy feliz acompañado por él. Olvidaba sus problemas cada vez que llegaba a su casa. Conocía sus momentos de tristeza y alegría, sabía qué hacer en cada momento, aproximándose o alejándose. Entendía y respetaba sus momentos de soledad, sus cambios de humor. Pero cada vez más necesitaba la compañía de otra persona con la que compartir sus vidas.

Hoy no tenía prisa por nada, tomaría su desayuno tranquilo acompañado por Thor. Aprovechando la inusual  temperatura que se estaba dando a finales de septiembre, posiblemente debido al cambio climático, del que tanto se estaba hablando últimamente. Pensó que sería una buena idea hacerlo en la lonja, tranquilos, disfrutando de todo lo que les rodeaba. Observando a los pajarillos que venían a beber a la fuente que construyo para ellos, las atareadas abejas consumiendo el néctar de cada flor, los bandidos de los gorriones que comían más que todas las gallinas que tenía y los sibilinos gatos que esperaban pacientemente para caer de manera fulminante sobre alguno de ellos.

Hoy vamos a desayunar en la lonja —le dijo a Thor— Sin prisas, disfrutando de este día y de este momento, que aunque no deja de crearme cierta inquietud por la escasez de lluvia, tampoco voy a caer en la desesperanza de esperar la llegada de las mismas. Vertió el pienso de Thor en su comedero y después empezó a degustar su desayuno. Un desayuno mediterráneo: tostada con aceite, tomate, jamón serrano y queso, acompañada por un café y rematándolo con un zumo de naranja.

—En el momento que acabemos nos ponemos manos a la obra con la búsqueda del lugar que será nuestra residencia por unos días campeón.

 Thor una vez saciado su apetito, pasó a ocupar su lugar preferido, que no era otro que acostado al lado de Nel con su cabeza bajo la silla que él ocupaba.

—Thor, hay un lugar que a mi particularmente me gusta mucho, y que me gustaría que tú conocieras. Solo lo he visitado en dos ocasiones y ésta será la tercera. Cuando lo veas te aseguro que me darás la razón. Es un pedazo de naturaleza pura, rodeada de cumbres donde predomina la caliza y donde podremos observar si tenemos suerte las rapaces que por aquellos picos vuelan de manera tan elegante. Verdes montañas por las que bajan caudalosos ríos, haciendo que la tierra sea fértil, y creando con sus aguas bosques tan tupidos que no dejan pasar la luz del sol. Por los que pasear  se convierte en una experiencia cercana a la vida de un anacoreta. Y a poco que dejes volar tu imaginación, creerás que has retrocedido a la época en la que aun vivíamos de lo que cazábamos o recolectábamos. Y en nuestro deambular por esa tierra veremos lagos, fuentes y cascadas de aguas cristalinas, árboles frutales, brañas, inmensas praderías donde pastan los rebaños. Y por supuesto, como no puede ser de otra manera, disfrutaremos de los placeres de una gastronomía única con la fabada, los quesos, la sidra y muchos otros manjares de esa preciosa tierra.

Transcurridas unas horas, y cansado de ver la gran cantidad de alojamientos que había por alquilar, se decidió por una casa que reunía bastantes de los requisitos, pero que no sabía si estaba en un pueblo o en la montaña, Según la información que había en internet, se encontraba en las proximidades del río Turia.

—Dígame.

—Hola buenos días. ¿Gabriel?

—Sí, dígame.

—Estaba interesado en la casa de turismo rural que tiene en las inmediaciones del río Turia.

—La casa está en Taramundi, un pueblo del Concello de  Taramundi. Es para seis-ocho personas, y si la ha visto en el ordenador, se habrá dado cuenta por las fotos, que está muy bien acondicionada. La casa es de piedra, con más de un siglo, heredada de mis padres y éstos a su vez la recibieron de los suyos. Se le hizo una reforma cuando empezó el movimiento de personas que les gustaba el turismo rural.

—La casa la he visto en la página, es preciosa y el entorno seguro que también Gabriel. Pero estoy buscando algo que esté en la montaña, y si no es posible, que al menos esté alejada de cualquier población. 

—Por lo de la montaña no hay problema porque estamos rodeados de ellas, y la casa ya ha visto que está muy bien. El pueblo no es muy grande y como punto de partida para visitar los alrededores y ver todo lo que le ofrece es muy bueno —Nel no dejaba de mirar a Thor, enojado por la insistencia de Gabriel— El acceso es a través de la nacional seiscientos cuarenta, y no tiene que ir circulando por carreteras y caminos de difícil acceso.

—Sí, sí, lo entiendo perfectamente. Yo solo necesito poder acceder con el coche. Mientras pase la furgoneta no hay problema. Y la vedad es que hay muy pocos sitios por lo que no pueda pasar. Muchas Gracias Gabriel, perdone usted las molestias. Voy a seguir buscando.

—Ahora que lo pienso, puede ponerse en contacto con Pepe. Él se dedica a la compra-venta de casas e incluso de aldeas abandonadas, y creo que también tiene algunas casas para el turismo rural. Puede mirar en el ordenador y llamarlo por teléfono, o mejor, espere un momento y se lo doy, creo que lo tengo anotado por aquí.

—Muchas gracias por todo Gabriel.

Inmediatamente cogió su portátil y empezó la búsqueda, encontrando la página web rápidamente. Sin salir de ella, empezó a marcar el móvil que indicaba en la misma.

—Buenas tardes. ¿Pepe?

—Hola buenas tardes.

—Le llamo porque estoy interesado en alquilar una casa, he hablado con un vecino de Taramundi y me ha comentado que usted tenía algunas casas para alquilar.  Personalmente estoy buscando una que este lo más adentrado posible en la montaña. Necesito tranquilidad para un trabajo que estoy realizando, por lo que quiero evitar en todo lo posible cualquier distracción o ruidos que me desvíe de mis objetivos.

—Le han informado bien, en realidad tengo varias casas por la zona de Taramundi. Hace ya unos años que decidí hacer algo por mi tierra, a la que estaba viendo desaparecer agónicamente y sin perspectivas de salvación. La mayoría de los jóvenes emigran a ciudades más grandes e incluso al extranjero. Esto llevó a que muchas aldeas quedaran totalmente abandonadas. Pero el cambio de tendencia en el turismo, al que le gusta disfrutar de la naturaleza y de todo lo que aporta, ha hecho resurgir la vida en estas aldeas abandonadas. Y por lo que usted me comenta, estoy seguro de que el lugar ideal son las casas de Teixois. Es una aldea de cuatro casas que compré y reformé para el turismo.

—Y en la aldea, ¿cuántas personas viven?

—La aldea al completo como le he contado son cuatro casas de mi propiedad, destinadas al turismo rural, allí no vive nadie. Los únicos habitantes son las personas que vienen a visitarnos y a pasar unos días con nosotros, rodeados de una espectacular naturaleza.

      ¿Las casas están equipadas completamente?

—Las casas están provistas de ajuar y electrodomésticos como cualquier hogar. Sólo necesita la comida ¿Usted para cuando tiene pensado venir?

—Si todo sale bien, el próximo sábado salgo para allá y mi intención es pasar allí sobre treinta días.

—Para esas fechas no tengo muchas reservas. Y sinceramente, teniendo en cuenta el tiempo que se avecina no espero que se ocupen todas y las que se ocupen no será por más de un fin de semana.  Deduzco por la conversación que vendría usted solo, ¿verdad?

—Realmente solo no voy, siempre me acompaña Thor, mi perro. Espero que esto no suponga un problema para usted.

—Ninguno, usted puede venir con su perro y estar el tiempo que quiera. Y por lo de los ruidos no se preocupe, porque la mayoría de los días estará usted solo en la aldea. Y los únicos sonidos que va a escuchar serán los que la montaña le regalará.

—Por fin tenemos casa ¡amigo mío! Cinco días, solo cinco días y nos pondremos rumbo al paraíso. 

No era consciente del tiempo transcurrido, hasta que el rugir de sus tripas le comunicaba que ya llevaba tiempo sin recibir alimento sólido. No pensó hasta ese momento en la comida, y no había preparado nada, pero fue peor cuando al abrir el frigorífico se encontró con una imagen desoladora.  Quedaba patente que llevaba unos días mal, en los que ni siquiera se había preocupado de tener su almacén de la alegría plenamente abastecido. En el estante superior, cerveza, en el que le seguía en orden de bajada, cerveza y refrescos de limón. En el siguiente un  recipiente con algo en su interior, que de ser alimento, el tiempo paso por él de manera inmisericorde, porque en nada se parecía a algo comestible. Prosiguiendo con su desesperada búsqueda, un pedazo de queso que ya era todo corteza de lo duro que estaba, unos tomates que ni para la tomatina los aceptarían. Los huevos se los llevó el día anterior su madre. Decidió pasar al congelador, algo abría allí que pudiera tranquilizar el incesante reclamo de su estómago. En él, aparte de una bolsa de cubitos de hielo, unos tuppers vacíos y entre ellos uno con una etiqueta en su tapadera —Estofado de ternera— una vez más su querida compañera y amiga María , le sacaba de un apuro. Era la primera y la única persona que le venía a su mente cuando hacían referencia a la amistad. No sabía ya los años que llevaba conociéndola y las miles de ocasiones que le había ayudado. Pero no solo a él, ella se entregaba a todos los que pedían su ayuda, lo que valoraba Nel sobre todas las cosas.

Vertió el contenido en un plato para descongelarlo y después calentarlo. Cuando abrió la puerta del microondas lo inundó un aroma exquisito y al degustarlo quedó hechizado por su sabor. Algún día le preguntaría cuál era su secreto para que una vez congelado y recalentado no perdiese el aroma ni el sabor. Sin duda alguna la vida la había escogido para repartir felicidad. Nel no recordaba ningún episodio de furia ni enfado en ella.

El estofado estaba aderezado con diferentes plantas aromáticas de su huerto, y una serie de especias que nunca podría averiguar. Para acompañarlo descorchó una botella de vino de la ribera del Duero que compró en un viaje a Burgos. Sirviéndose una gran copa, nada parecido a las copas medio vacías servidas en restaurantes de cierto glamour, que tanto le molestaba. Remató tan suculenta comida con un chupito fresquito de orujo de café que le trajeron de Galicia.

Empezó los preparativos de su deseada escapada prácticamente ese mismo día, anotando todo lo que debía de hacer antes de irse y lo que tendría que llevar para estar tanto tiempo fuera de su hogar.

A diferencia de las últimas semanas, se encontraba feliz, y con los nervios de un niño que muy pronto viajaría a un lugar mágico.

Al día siguiente le dijo a María que le gustaría desayunar a solas con ella, para comentarle lo que en silencio había planeado. Porque él sabía que si la hubiese hecho participe de su deseo, lo habría convencido para que no lo hiciese, quitándole hierro al estado en el que se encontraba.

—Buenos días Nel, ¿lo de siempre?— Le pregunto Kiko, el dueño del establecimiento.

—Sí por favor, ¿y tú? —Le pregunto Nel a María

—Un café y un cuarto de tostada con jamón.

—Bueno, quería estar a solas contigo para comentarte algo que voy a hacer.

—Sí, porque me tienes intrigada desde que me has dicho que querías que desayunásemos solos. Imagino que será algo importante ¿no?

—La verdad es que creo que no tiene mucha importancia. Pero sí quiero que lo sepas, porque tendrás que dar explicaciones a todo el mundo. No sé si te habrás dado cuenta que llevo un tiempo bastante raro, estoy cansado, apático, y sin ganas de estar con nadie.

—Sí, no te he querido preguntar, pero tu cara lo demostraba, eres incapaz de disimular tus emociones con los que te conocemos. Y el otro día tuviste un trato muy desagradable con una chica que solo quería hacerte una pregunta, la verdad es que me dejó bastante sorprendida. Pero todos podemos tener un mal día, lo malo es que a ti se te nota mucho. También he observado que la complicidad que tenías con nuestra compañera, por lo que sea ha empeorado. Imagino que últimamente hemos tenido muchos cambios en la forma de trabajar y creo que tú no los has asimilado muy bien.

—Sí, últimamente no lo estoy pasando muy bien, Desde que tuve el problema con nuestra compañera, no he vuelto a ser el mismo. No debería de haber reaccionado así, pero me dolió mucho su comportamiento. Quizás eso haya sido el detonante que ha abierto la caja de pandora, donde tenía guardados viejos recuerdos, dolorosos hasta la extenuación, que me están volviendo a golpear. Y por supuesto también llevas razón en lo del trabajo, el cambio en la forma de realizarlo ha creado una tensión muy grande entre los compañeros y posiblemente también haya influido en mi estado anímico. Todo esto sumado, ha hecho tambalear mí vida. Me están surgiendo dudas a las que no se dar respuesta, por lo que he decidido darme un tiempo para mí. Intentar encontrar una explicación, en la soledad, que no puedo tener con la monotonía de mi vida. Necesito escapar, y aunque sea por un corto periodo de tiempo, creo que me va a venir muy bien.

—Y qué piensas hacer, ¿esconderte de las personas que te causan daño en vez de enfrentarte a ellas? ¿Dejar el trabajo que llevas tantos años realizando? Siempre has luchado, y nunca por muy fuerte que fuese el golpe, has dejado de levantarte y seguir luchando. Quizás no sepa lo que te ha pasado, pero imagino que ha debido de ser muy fuerte para ti.

—No se trata de las personas ni del trabajo, simplemente es mi vida, tengo ya un poquito más de medio siglo, y la gente nunca ha sido un problema para mí. Lo ocurrido simplemente es algo que me ha abierto los ojos, y me ha hecho replantearme muchas cosas. Estoy cansado de una vida en lo que nada es lo que parece. De vivir en soledad, de no conocer la amistad verdadera, excepto contigo. Sé que el concepto de amistad para mí no es el que se tiene hoy en día. Nadie se preocupa de los demás, no te hablo de los extraños, si no de las personas que vemos a diario, que compartimos mucho tiempo a lo largo del año. Hemos llegado a un individualismo terrible, en el que los problemas, las desgracias o cualquier desdicha que le pase a otros no son de nuestra incumbencia. Con lo fácil que es decir unas palabras de apoyo, dar un abrazo, un cuenta conmigo para lo que necesites. No María, no es difícil dar un poco de aliento a los que están a nuestro lado, con los que convivimos día tras día.

—Pero eso ha existido siempre, no es una novedad.

—Pero ahora me está afectando demasiado. Dudo de mi verdadera personalidad. No creo que sea el bocazas que dice lo que piensa, sin imaginar el daño que con ello puede ocasionar, el graciosete que siempre está soltando gilipolleces para la galería e incapaz de decir nada en serio o interesante. Nulo para poder entrar en una conversación sin soltar alguna de sus tonterías. Ese no soy yo María.

      ¿Y tú crees que aislándote resolverás esas dudas?

—No lo sé. Lo único que se seguro es que lo voy a hacer. Lo consiga o no, es una incertidumbre. Pero no puedo seguir con esta desazón que me está haciendo tanto daño. Y debo de hacerlo por las personas que de alguna manera me queréis. No sé si os estoy engañando o no, si verdaderamente mi forma de ser es cuando estoy rodeado de gente, o al contrario soy la persona seria, equilibrada, razonable y sensata de mis momentos de soledad.

      ¿Y dónde está ese lugar al que tanto le vas a exigir?

—En el noroeste de Asturias, cerca del rio Turia, se trata de una casita para dos personas, que está en una aldea llamada Teixois, en medio de la montaña. Completamente equipada. Y lo mejor de todo, la mayoría del tiempo estaremos solos.

      ¿Te llevas a Thor verdad?

—Por supuesto, ya sabes que él va conmigo a todos sitios, y aparte de eso soy demasiado miedoso para estar solo en la montaña —Sonrió Nel.

      ¿Hay señal para el móvil?

—Se me olvido preguntarlo, pero en el momento que llegue, si no hay en la zona, buscaré un lugar para que pueda estar en contacto contigo.

      ¿Y cuándo te vas?

—El sábado

—Joder Nel, no solo no me comentas nada, sino que encima me sueltas de golpe que te vas el sábado. Que lo que es un desayuno normal, se convierte en un adiós. ¡Ya te vale¡

—Lo siento mucho cariño, pero tenía que hacerlo así, ni siquiera yo lo tenía pensado, ha salido así y me he dejado llevar. Si te lo hubiese comentado en su momento ¿Lo hubieras dejado estar?

—Claro que no. Y tú ¿sabes por qué?.

Pasó los pocos días que quedaban para la partida repasando una y otra vez lo que debería de llevar. Comprando aquello que le faltaba y que desconocía si lo podría encontrar por allí. Dio mil vueltas al equipo fotográfico, del que siempre se olvidaba algo. Recordó la vez que fue a fotografiar aves a un humedal bastante alejado de casa, y al llegar al lugar y después de mirar en todas partes se dio cuenta que había dejado las dos baterías en casa.

—Bueno María, ¿no me vas a dar un abrazo de despedida?

—Cuídate mucho y vuelve pronto —Le decía en un susurro abrazada a su cuello— Llámame cuando llegues, y todas las veces que te apetezca.

—Así lo hare preciosa

—Adiós Nel.

—Adiós María.