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lunes, 8 de febrero de 2021

AL ATARDECER // CAPÍTULO XVI

                                                               AL ATARDECER

                                                              CAPÍTULO XVI

Despertó sobresaltado, con los ojos empapados y el corazón lleno de tristeza, al oír como la puerta se cerraba de golpe. Se asomó rápidamente a la ventana, observando como la luz que él creía una linterna, subía rápidamente por la montaña en busca de la niebla que todas las noches aparecía en el mismo lugar. Descartó que fuese una persona por la rapidez con la que ascendía.

—Dios Thor, que sueño más triste he tenido. He soñado con la niña de la grabación, estaba frente a mí, mirándome con la misma tristeza que la vimos, pero de manera serena. Levantó su pequeña mano haciéndome gestos para que me aproximara, no dejando de pedirme que la siguiera, “Ven” “Ven” repetía. Se dio la vuelta y empezó a caminar, siguiéndola yo a corta distancia. El lugar por el que íbamos era cada vez más oscuro, hasta que llegó un momento en que la oscuridad era tal que no podía verla. Herminia, la llamaba con voz temblorosa, estoy aquí cariño, no te dejaré sola. Pero no respondía, empecé a percibir un llanto que seguro que era de ella y al poco otro más suave, quizás del niño pequeño, que entre suspiros no dejaba de llamar a su mamá. He notado su presencia, acariciaba mi pelo suavemente con mano pequeña y delicada, notando como el colchón se movía como si se tumbara junto a mí. Y este aroma tan agradable que parece ser que siempre la acompaña.

Me voy a volver loco. Cada vez comprendo menos qué está pasando, qué quiere decirme, a dónde quiere que vaya. Joder Thor, necesito que esto se aclare, no puedo verla más, quiero que esto acabe ya. Pero tampoco podemos irnos porque temo que esta situación se convierta en una pesadilla. Lo que quiera que sea debemos de averiguarlo ahora y descansar por fin.

Pasó toda la mañana pendiente de un mensaje que él sabía que no llegaría. Por mucho que explicase lo que está aconteciendo en su vida, nadie dejaría todas sus cosas para dedicarse a ayudarlo para buscar algo de un pasado complicado, donde la muerte era algo normal, y que posiblemente no quedara por escrito.

Después de comer se dirigió a la casa. Pero en esta ocasión decidió llevar la furgoneta hasta la Ermita y ahorrarse el tiempo que perdería en ir y venir a través del barranco.

Llegó extenuado a los alrededores de la casa, maldiciendo una y otra vez la dependencia que tenia del tabaco, que le impedía poder realizar una respiración normal y le producía unos pitidos insoportables.

Al aproximarse a la casa, su cansancio acabó, la angustia de la respiración desapareció y la felicidad iluminó su rostro, al ver que Johanna estaba allí. Era preciosa y tenía la figura más bonita de cuantas mujeres había conocido. Era de su misma altura, pelo castaño cortado a media melena, cuerpo ligero y elegante. Estaba embobado observándola cuando ella giró y lo vio.

— ¡Hola!— la saludo denotando una gran alegría.

— ¡Hola Nel! Te veo feliz ¿Has averiguado algo?

—No. Simplemente me ha dado mucha alegría verte.

—Me alegro que verme te produzca esa felicidad. ¿Qué es lo que querías que hiciéramos aquí?

—No tengo nada pensado, simplemente esta casa me atrae de forma inexplicable. He estado mirando en internet el tema este de las revelaciones o presencias, y todos coinciden que los espíritus de las personas fallecidas de forma trágica, se quedan vagando entre el mundo de los vivos y los muertos. Lo que no me queda muy claro es por qué se quedan aquí. Y como me gusta un misterio más que a “Iker Jiménez”, prefiero dedicarme a averiguar todo lo que pasa, a pesar de las inquietudes que me está creando.

Siempre he sido reacio a creer lo que la gente contaba sobre la presencia de espíritus, pensando que todo era con afán de notoriedad. Y ahora mírame, una persona que cuestionaba todo lo que la ciencia no podía explicar, se encuentra viviendo una situación que no contará, y si lo hace será a las personas más íntimas. Y lo peor de todo, me estoy cuestionando mi salud mental.

—Nel, no es por crearte más incertidumbre. Pero creo que al de la linterna lo tienes dentro de la casa.

—Se volvió rápidamente —estaba de espaldas a la casa— y vio como una luz se desplazaba en la planta de arriba, de una ventana a otra. Luego bajó a la planta de abajo y desapareció. Volvió a aparecer en lo que él creía que era un establo, todo esto sin abrir puertas o ventanas y sin ver persona alguna.

—Dime que lo has visto todo, Johanna. Y que no se trata de una paranoia mía.

—Claro que lo he visto y al igual que tú la he visto pasar de la casa al establo. Y por supuesto que no estás paranoico.

—Entonces, ¿me crees?      

—Nunca he dudado de lo que me contabas, simplemente me parece muy raro, y comprenderás que es complicado de asimilar, aparte de que yo nunca he visto a la niña ni he sentido sus palabras, ni sus lloros.

— ¿Nos bajamos ya?, mañana tengo que trabajar.

—Vale, mañana subimos y echamos un vistazo.

—Veo que eres bastante persistente. Dime, no dejaras de subir aquí hasta averiguar lo que está pasando, ¿verdad?

—Llevas toda la razón, a veces soy demasiado obstinado, pero no lo tengo como un problema o defecto grave. Es algo que me gusta mucho de mi forma de ser. Jamás dejaré de buscar una explicación a lo que pasa. Sea lógico o ilógico. Y menos aún una experiencia como la que estoy sufriendo. Hace ya muchos años que mi padre murió de forma trágica. Yo solo tenía cinco años cuando ocurrió. Mi madre, imagino que con la intención de tener algo de él, guardaba en las cámaras de la casa, la corona y el crucifijo que iba en su ataúd, la motocicleta, las trampas, los cepos, el meriñaque, los carburos y muchas más cosas que mi padre había tenido y usado en su vida. Para mí, subir a las cámaras era terrible, no sé por qué me atemorizaba ver el crucifijo y la corona, que para más inri era de flores de plástico y comidas por el sol. Pero un día en que fuimos al pueblo de visita, con nueve años, subí a las cámaras y me quedé sentado en el escalón. Estuve sentado, al principio de manera temblorosa, con la boca seca y sintiendo ruidos por todos lados. Bajé cuando ya había oscurecido. A partir de ese día siempre que iba al pueblo me subía a las cámaras, donde monté un universo de juegos y fantasía. Te cuento esto para que comprendas que si no hubiese hecho eso, jamás hubiera podido subir. Necesitamos saber qué es lo que nos produce ese miedo e intentar comprenderlo. Si no lo hacemos viviremos asustados toda la vida y en la mayoría de los casos será por algo que hemos creado nosotros mismos. Sin mas vida que la que le proporcionamos nosotros.

—Oye, Johanna, ¿tú eres de aquí o estas de vacaciones al igual que yo?

—Veo que me escuchas cuando te hablo. Cuando quedamos el otro día, ¿qué te dije?

—Es verdad, perdona, no me acordaba que me dijiste que dependía de tu trabajo ¿Pero eres de aquí o no?

—No, no soy de aquí. Mi hogar está casi a mil kilómetros de este lugar. Me ofrecieron un trabajo en Lugo que podía durar unos cuarenta días y me vine. Un día en el que no trabajaba subí aquí, y sin quererlo, mi alma quedo aquí para siempre.

—Madre mía, desde tan lejos. Desde luego la crisis ha hecho mucho daño.

—No es por la crisis, Nel. Tuve problemas con mi pareja y cuando vi esta oportunidad la aproveché. Y tú ¿Por qué has venido aquí?

—He venido porque esta zona me gusta mucho. Necesitaba estar solo, pensar en lo vivido y lo que quiero vivir. Vine cargado de preguntas a las que allí no encontraba respuesta.

— ¿Y las has encontrando?, las respuestas, quiero decir.

—Muchas de ellas sí. Otras creo que pronto las sabré. Pero tengo la total convicción de que son absurdas y que lo único que he conseguido con ellas es alejarme a un lugar que para mí es paradisiaco. Posiblemente lo único que necesitaba era huir de una rutina que me estaba ahogando.

Los problemas con tu pareja debieron de ser terribles para que hayas puesto tanta distancia entre ambos.

—Si Nel, fueron brutales. Y durante un tiempo me dejaron destrozada.

—Deduzco que el problema vino por él.

—El problema lo creo él y yo pagué las consecuencias.

—Si quieres cambiamos de tema, comprendo que aún no tenemos confianza para que me lo cuentes.

—Nunca me ha gustado hablarlo con nadie. Pero en esta ocasión sí quiero hacerlo. Estamos aquí solos, y dentro de un tiempo nos separaremos. Así que hablarlo contigo será como decirlo al viento.

Tenía una vida feliz, enamorada hasta el punto de renunciar a muchas cosas por él. Pero no quería ver la realidad que poco a poco se colaba en mi vida. La incompresible cobardía, o el desprecio más grande de un ser que juega con los sentimientos de la persona que le ama.

Hay cosas que no se pueden ocultar toda la vida. Detalles como bofetadas sin mano que te van abriendo un poquito más los ojos y que no quieres reconocer por lo doloroso que es. Hasta que recibes el golpe más fuerte, la traición. Enterarte que la persona a la que le das lo mejor de ti, con la que compartes intimidades, alegrías, tristezas, momentos de placer y a veces de discusiones, que se despide de ti con un beso, un abrazo, un vuelvo pronto, va a reunirse con otra. Viendo como tu vida se desmorona, que todo lo que habíais planeado se va al traste por un cabrón que no ha tenido el valor de decirte que no te quiere, que no es feliz a tu lado.

—Perdona Johanna, no creía que fuese algo tan cruel.

—Sí Nel, lo es —Le dijo con los ojos inundados de lágrimas— Pero la vida solo acaba con la muerte. Así que recogeré los pedazos de mi corazón, uno a uno, y con el tiempo los iré uniendo.

—Johanna, déjame que te lleve hasta el pueblo, se nos ha hecho muy tarde y mañana madrugarás.

—Venga vale. Pero que sepas que no me da miedo caminar por la noche.

—Pues yo me cago— Le dijo Nel riendo— Espera que tu puerta la tengo que abrir con la llave. Tengo que llevarla al taller cuando regrese a casa.

— ¿Y por qué no la llevas a un desguace?

— ¡¿A mi loqui?¡ No hasta que no vea que está muerta. Aún le quedan muchos kilómetros que hacer conmigo.

—Johanna, sé que te puede parecer muy precipitado, pero me alegro mucho de conocerte.

—Gracias y sé que te va a parecer muy precipitado, pero me encuentro muy bien contigo. Déjame en el museo, tengo el coche cerca.

—Johanna, mañana estaré por la casa, si acabas pronto me gustaría verte.

—Y yo subiré si puedo.

—Thor, me gustaría saber qué narices te pasa con Johanna. No te has acercado a ella ni una vez. La ignoras y eso me duele. Me gusta estar con ella y espero que a ti te pase lo mismo. No te voy a regañar, pero a ver si estás más cariñoso la próxima vez que nos veamos.

Cenó de manera tranquila, tomándose su orujo y fumando con deleite un cigarrillo. Preparó una manta y conectó el radiador con  intención de quedarse toda la noche despierto. Quería que esto fuese una señal para la niña. La esperaría toda la noche con la ilusión de que se comunicara con él o al menos que la pudiese ver otra vez. No sabía por qué, pero desde que la vio en la grabación, despertó en él el amor paternal que no había tenido. Maldiciendo a quien le hubiese hecho tanto daño.

 

AL ATARDECER // CAPÍTULO XV

 

 

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO XV

 

—Voy a hacer una llamada a un amigo de la infancia, creo que ha llegado el momento de pedir ayuda para esclarecer esto.

— ¡Fernando! Soy Nel ¿Cómo estás?

—Hombre Nel, ¡cuánto tiempo sin saber de ti! ¿Cómo te va? Yo estoy muy bien excepto por el tema del trabajo. No sé si ves muy a menudo los noticiarios y la prensa, pero nos ha tocado de lleno el tema de los políticos y sus chanchullos.

—La verdad es que tiene que ser complicado, la honradez, la lealtad y todos los demás principios que deberían de guiar a nuestros gobernantes para crear una sociedad más justa e igualitaria, se perdieron en el momento que ha aparecido la codicia. Hay que ser muy gilipollas para robar un dinero que no puedes gastar ni viviendo dos vidas.

Te llamaba para pedirte un favor. Siempre que puedas hacerlo sin ningún tipo de inconveniente o pérdida de tiempo para ti. Estoy enfrascado en un tema escabroso, que ocurrió hace más de setenta años, sé que será muy raro que se encuentre lo que busco, y me he acordado de ti para que uses tu influencia y tus medios para conseguirlo.

—Si es de la guerra civil olvídate.

—Bueno es cinco años después de que acabara.

—Dime de qué se trata e intentaré buscar todo lo que haya.

—Se trata del asesinato de una familia al completo, ocurrido en el noroeste de Asturias, en el Concello de Taramundi. Concretamente en la montaña, en un paraje conocido como Matalobos. En el mil novecientos cuarenta y tres. Todo lo que puedas averiguar me lo mandas a mi correo electrónico.

—Imagino que estarás deseando de tener la información.

— ¡Como me conoces!— rió Nel.

—Le diré a Olga que lo busque. Nel, a ver si nos vemos, que llevamos más de un año sin salir de copas.

—Pues ¿sabes qué? Cuando acabe mis vacaciones aquí en Asturias, te llamaré para que bajes a mi casa y salgamos unos días a pasarlo bien. Una abrazo muy grande.

—Adiós, Nel.

—Voy a colocar el ordenador y nos vamos a la cama, a ver que sorpresa nos encontramos esta noche, campeón.

 

AL ATARDECER // CAPÍTULO XIV

 

 

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO XIV

 

Después de desayunar se dirigió hacia los pastos de Juan con intención de charlar con José Manuel. Estaba tan enfrascado en averiguar todo lo que pudiese, que olvidó el motivo de su viaje, lo que hizo asomar una sonrisa en su rostro. Que absurda puede ser una vida vacía, en la que no eres consciente de que lo  verdaderamente importante es vivirla.

—Buenos días señor José. He subido con la esperanza de poder charlar con usted, bueno exactamente a que me cuente cosas de su niñez.

— ¿Todavía está usted interesado en la casa?

—La verdad es que ha despertado mi curiosidad lo que usted me dijo que pasó en ella. He pensado mucho en los años en que se hizo y la forma.

—Años confusos de hambre y miedo. Pero dígame exactamente qué quiere que le cuente.

—La familia, según me dijo usted vinieron a la casa en el treinta y nueve.

—Efectivamente, lo que no recuerdo es si la guerra civil había terminado o no.

— ¿Cómo se vivió aquí la guerra José Manuel?

—Asturias se había significado más por el bando republicano, aunque en algunos lugares había una notable presencia nacional, como por ejemplo en Ujo, donde se organizó un consejo falangista. Las organizaciones obreras jugaron un gran papel. Pero con la caída del frente republicano de Asturias en el treinta y siete, cayó el concejo de Mieres.

En las casas no había agua ni electricidad, y nos alumbrábamos con velas y candiles. No existía la posibilidad de hacer las necesidades en un baño como lo hacemos ahora, sino que había que salir fuera y hacerlo donde se pudiese. Para la higiene personal se bañaban en baldes de metal los más privilegiados, los más menesterosos nos teníamos que conformar con una palangana y bañarnos por partes, en un intento desesperado de limpieza e higiene, porque el agua la teníamos que traer desde los arroyos, veneros o fuentes.

—Madre mía, eso tuvo que ser muy duro.

—Bastante, pero no fue eso lo peor, Nel.

 Para la mayor parte de nosotros y de prácticamente la mayoría de los españoles, lo peor fue sin lugar a dudas, los años del hambre, del estraperlo, de la escasez de los productos más necesarios, del racionamiento, de las enfermedades, del hundimiento de los salarios, del empeoramiento de las condiciones laborales, del frío y los sabañones.

Los que perdieron la guerra, los “rojos”, se escondían en los montes, en habitaciones ocultas, en graneros, pajares, y en cualquier lugar que pudiese albergarlos lejos de la mirada de sus enemigos, fuesen del bando nacional o vecinos rencorosos con sed de venganza. Añadiendo a ese temor el hambre. A los que encontraban los franquistas, sin un juicio justo o inexistente, los mataban y los enterraban en fosas comunes como la de Turón, en el Pozu Fortuna. Y aunque la familia supiese el lugar donde fueron enterrados, no podían desenterrarlos, porque, si los veían, podrían morir asesinados por las fuerzas nacionales. Ni darle un entierro digno podían.

Aprovechando el caos creado por la guerra, y con la victoria del bando nacional, se restauró la propiedad privada, la recuperación de los beneficios de las empresas y de la banca, el desvergonzado enriquecimiento de los grandes estraperlistas protegidos del Régimen y el restablecimiento de los privilegios de la Iglesia y el Ejército.

— ¿Y el estraperlo se daba mucho por estas tierras?

—No, eso quedó para las capitales. Sabíamos de algunos que lo habían intentado, pero nada más llegar los cogían y les quitaban lo que llevaban. El estraperlo al igual que todo lo que iba en contra de la voluntad del régimen, estaba controlado por unos pocos que se dejaban untar por los estraperlistas, y así salían ganando las dos partes. Aquí, en el campo, todo vecino conocía las hierbas y como cocinarlas, con lo que engañábamos al estómago. Fue el hambre, las enfermedades, la miseria y todo aquello que se nutría de la pobreza, mala alimentación e higiene, las que mataron más personas que la guerra, aparte de los que fueron asesinados por chivatazos de vecinos o antiguas rencillas.

—Tuvo que ser muy duro no confiar en tus familiares y vecinos.

—Fue triste, Nel, muy triste. No podías confiar en nadie porque las circunstancias así lo querían, fue una guerra en la que no podías quedar al margen, o eras nacionalista o republicano, y los que así lo hicieron, fueron acusados de apoyar la república por no luchar al lado de los nacionales. Morir por no desear matar a tus paisanos o vivir avergonzado y recriminando tu cobardía todos los días de tu vida.

— ¿Recuerda usted, si hubo muchos robos en la guerra y en los años que le siguieron?

—Robos hubo por parte de los dos bandos y de todo el que tenía la oportunidad de hacerlo. La guerra te da la oportunidad de coger lo que no es tuyo, sin castigo alguno, a no ser que lo robado fuese de alguien adepto al bando vencedor, en tal caso si serías castigado y desde luego no de una forma humana.

—Lo que no comprendo es por qué no se luchó contra toda esa injusticia que siguió muchos años después de la guerra.

—Usted ha tenido la suerte de vivir en un país democrático, y de la dictadura tendrá pocos recuerdos. Pero sí hay una cosa que todos los que hemos vivido esa guerra no olvidaremos: “El hambre hace cobarde al más osado de los hombres”

—Hay otra cosa que le quiero preguntar ¿Usted se acuerda de quien llevó la investigación de esa matanza?

—Al principio no, pero conforme fue pasando el tiempo y creciendo me di cuenta de que fue la policía armada. Pero que yo sepa, no se averiguó nada.

—Muchas gracias por su tiempo José Manuel, ha sido muy agradable oírle contar un poco de esa historia tan reciente y cruel.

—De nada Nel, me gusta hablar de esos años tan tristes y que me escuchen con tanta atención  como usted.

 

— ¡Hola Johanna! ¡Qué alegría me da verte!

—Hola— Contestó ella con la sonrisa que tanto le gustaba a Nel —¿Ya has acabado tu paseo?

—Hoy el paseo ha sido muy corto. He estado con José Manuel, el padre de Juan.

—Johanna, ¿te puedo hacer una pregunta?

—Claro, ¿qué quieres saber?

—¿Tú crees en la existencia de vida más allá de la muerte?

— ¿Me preguntas por el tema de las apariciones de espíritus, cosas que se mueven solas y todo eso?

—Sí.

—Es algo que no me he preguntado mucho. Verás, para mí es un tema de difícil explicación. Hay muchas personas que piensan que sí y otras muchas que piensan que no. Yo, por si acaso, ni creo ni dejo de creer ¿Es que a ti te gusta el tema ese?

—Es algo en lo que nunca había pensado hasta ahora —Carraspeó Nel para aclararse la voz— Desde que llegué a este lugar, no he dejado de sentir cosas raras.

— ¿No me digas que ves fantasmas?— Le preguntó ella sonriendo.

—Por favor, escúchame.

A parte de mi sensación, hay algo más. Harto de oír una voz dentro y fuera de la casa, ver mi ropa fuera de la maleta y tirada por el suelo, esparcido sobre el piso el contenido de mi mochila,  amontonados en el suelo los folletos de museos y de percibir un aroma muy agradable a flores frescas, decidí dejar el portátil frente a la mesa que hay junto a la ventana, donde hay dos velas que de vez en cuando me las he encontrado encendidas.

La primera vez, después de despertarme un ruido abajo, vi en la grabación Como las velas se encendían al unísono y Como cruzaba una sombra por la ventana.

La segunda vez, ocurrió exactamente lo mismo, me despertó un ruido, las velas encendidas de igual manera, pero a los pocos minutos se hizo visible el rostro de una niña preciosa entre ocho o diez años, pero con una cara de tristeza terrible. Y el mensaje que siempre oigo, es una invitación para que la siga. Y luego está la coincidencia de la linterna.

— ¡Linterna! ¿Qué linterna?

—No sé si es una linterna o cualquier otra cosa, solo sé que es un punto de luz, que desaparece siempre en el mismo sitio, engullido por una niebla que se posa todas las noches en la parte alta, donde está la casa.

José Manuel me contó, que en esa casa, al poco de terminar la guerra civil, se cometió un crimen terrible y brutal. En el que murieron el matrimonio y el hijo mayor. Y ahora viene lo más importante, desaparecieron los niños pequeños, una niña de ocho años, igual a la que vi en la grabación y un niño de un año y medio aproximadamente.

— ¿Te das cuenta, Johanna, de las coincidencias?

—Es interesante Nel. Pero también es un tema bastante raro y tienes que comprenderlo.

—Precisamente a eso es a lo que voy a dedicar las semanas que me quedan que estar aquí. Voy a averiguar todo lo que pueda sobre esos fenómenos, que desde luego no son normales y carentes de cualquier lógica o explicación racional.

—Bueno, nuestro cruce de caminos Johanna. Toca separarme de ti. Gracias por dejar que comparta estos momentos contigo. Mañana me gustaría que nos viésemos, si es posible y te apetece, para mí es muy agradable estar contigo.

—Sinceramente me está gustando pasear contigo, y si no se complica el trabajo, mañana nos vemos por aquí.

—Ojalá que puedas venir, yo estaré en los alrededores de la casa.

Esperó hasta verla desaparecer, siendo consciente que le gustaba estar y conversar con ella más de lo que demostraba.

 

AL ATARDECER // CAPÍTULO XII

 

 

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO XII

—Despierta, Thor. Lo he vuelto a oír.

Se fue rápidamente a la ventana, viendo como la luz de la linterna se aproximaba a la niebla, desapareciendo engullida por ésta.

—Dios Thor —Le dijo con una pequeña emoción— No sé si lo habrás escuchado tú. “Sígueme” “Sígueme” “Ven” se me ha erizado la piel. No sé si por lo que ha dicho o cómo lo ha dicho. Había tanta tristeza en esas palabras. Y sé a ciencia cierta que era la voz de una niña. No comprendo por qué me está pasando, qué quiere. Como muy bien dice María, no tiene sentido que se dirija a una persona forastera, que no sabe nada de este lugar ni de sus misterios. Mañana subiremos a ver si podemos hablar con el padre de Juan, aunque creo que es mejor no decirle nada. Me inventaré cualquier excusa que parezca creíble para preguntarle por la casa y sus alrededores.

—Buenas tardes, Juan.

—Hombre, Nel, le estábamos esperando. Padre, este señor es Nel, el hombre que estaba interesado en la casa del cortao.

—Pues usted dirá qué le hace preguntar por esa casa. ¿Ha oído algo por el pueblo?

—Mi interés es conocer al propietario para poder hacerle una proposición. Me gusta la casa y el lugar en el que está. Llevo muchos días dándole vueltas al asunto y me gustaría preguntarle si está interesado en venderla, y si es así saber cuánto pide.

—La casa desde que pasó el incidente no ha vuelto a ser habitada.

—Pero dueño tiene que tener, aunque se ve que lleva mucho tiempo sin venir por la casa.

—Aquí en el pueblo no se sabe si lo hay o no. De lo único que se tiene conocimiento es que después de que ocurrió la desgracia, nadie la ha reclamado.

— ¿Desgracia? Eso suena a algo trágico, muy trágico.

— ¿No sabe nada de lo que ocurrió en esa casa?

—Perdone usted José Manuel, pero llevo aquí menos de dos semanas y a la primera persona que le he dicho mi intención de comprarla ha sido a usted.

—Lleva usted razón, es algo de lo que ya no se habla. Fue algo horrible. Si no tiene prisa se lo cuento aunque para mí sea remover el pasado de algo que todos tardamos en olvidar.

Empezaba la primavera del treinta y nueve cuando una mañana apareció Esteban, que sería el cabeza de familia, era de mediana estatura, y se le veía un hombre de unos cuarenta, cuarenta y cinco años, grueso y de piel blanquecina. Estuvo casi una semana preparando la casa y el establo, imaginábamos que tendría familia y pronto la traería a vivir aquí. Nunca supimos cómo se hicieron con la propiedad, porque los que eran sus dueños en esos momentos desaparecieron de la noche a la mañana. Unos dicen que marcharon a Francia, otros que se fueron a las Américas. Eran tiempos de miedo y confusión por la guerra. Según mi padre, quiso pasar como ganadero y agricultor, cosa que no consiguió. Tenía las manos suaves y sin callos que demostrase que había trabajado con herramienta de mano y al aire libre. Todos pensaron que eran una familia pudiente venida a menos como consecuencia de la guerra civil. Conoció a mi padre por pura coincidencia, aunque con el paso del tiempo se convirtió en una relación estrecha entre ambos. Al ser vecinos, bajó un día para comprarle a mi padre dos terneras. Bueno una de ellas más novilla que ternera, y apalabraron otras dos para el momento en que se destetaran. La confianza se fue afianzando cada vez más por las labores propias del cuidado de las vacas, por lo que mi padre subía casi todas las mañanas al amanecer para echarles un vistazo a las reses y darle algunos consejos para su cuidado.

Una mañana me pidió mi padre que lo acompañara para ayudarle en la tarea con nuestras vacas. Pero como ya estaba amaneciendo, se fue directo a ver las vacas que le vendió a Esteban.

Aún recuerdo aquello como si no hubiese pasado tiempo. Había comenzado el invierno del cuarenta y tres. La noche anterior había caído alguna nieve por encima de los pastos y fue una noche muy fría. Mi padre al llegar a la casa, cuando el sol hizo su aparición completa, se extrañó al no ver salir humo de la chimenea, y al no oír ruido alguno proveniente de la casa. Lo llamó a voces ¡Esteban, Esteban!, y nadie respondía, ni una voz. Se acercó a la puerta y esperó. Al no oír nada llamó a la puerta, abriéndose un poco por no estar cerrada, le empujó hasta que quedo abierta completamente, dejando ver casi la totalidad del interior. En ese momento vi lo que sería la imagen más repugnante, horrible y dantesca que un niño puede ver. Frente a nosotros, sentado en una silla, estaba Esteban, con el rostro totalmente ensangrentado, como si se lo hubiesen aplastado, sobre la mesa el cuerpo de su esposa con las ropas destrozadas y mucha sangre en ella, y según conto mi padre, justo a la puerta lateral, el cuerpo del que sería el hijo mayor y mi amigo de correrías.

¡Corre hijo, corre! avisa a la Guardia Civil y a la gente del pueblo, y no vuelvas a subir. Fue lo último que oí decir a mi padre, cuando ya llevaba un trecho corriendo y llorando. Tuve que parar para vomitar por lo mal que me encontraba. Dí aviso a todo el mundo que me encontraba y me fui a mi casa, no recuerdo el tiempo que estuve acurrucado frente a la lumbre. Cuando mi padre regresó a casa, me mando a dormir, pero yo como lo que era, un niño, me quede escuchando.

Ha sido una barbarie, peor que una jauría de bestias con ansias de sangre. A Estaban —empezó la conversación con mi madre— le han golpeado de manera salvaje, con las manos atadas al espaldar de la silla y las piernas por sus tobillos a las patas de ésta. Según comentaban con el Juez las personas que le acompañaban, debió de tener una muerte horrible y lenta. A su mujer la ultrajaron y violaron, y cuando se cansaron le cercenaron el cuello. El hijo mayor, Estebitan, parece ser que fue el que menos sufrió en esa matanza, solo tenía dos disparos, uno en la cara, que le destroza la mitad de ella y otro en el pecho. Pero por lo que decían le habían disparado fuera, junto a la puerta falsa que va al establo. Y de todo esto —siguió contando mi padre— fue testigo Esteban, dejándolo a él para el final. Toda la casa aparecía desordenada y registrada como si hubiesen estando buscando algo. Los muebles habían sido movidos y mirados a conciencia.

— ¿Y los niños pequeños?

—Ni rastro de ellos, hemos mirado por la casa, por los alrededores, y no los hemos encontrado.

—Qué cosa más horrible, Dios quiera que aparezcan pronto, hace demasiado frio para que estén vagando por el bosque o vete tú a saber dónde.

—Hemos quedado en la casa para iniciar la búsqueda de los pequeños. Estaremos allí todo el pueblo y gente de los alrededores. La noticia ha corrido como la pólvora y se espera un buen número de personas para buscarlos.

Todo lo que quedaba de día, y todo el día siguiente estuvo mi padre fuera de casa, cuando llego nos dijo que no los habían encontrado.

— ¿Y cuánto tiempo duro la búsqueda de los niños?

—No más de dos jornadas. Era imposible que unos niños pequeños resistiesen al frio y al hambre. Los agentes de la benemérita nos dijeron que lo más seguro es que se los hubiesen llevado.

— ¿Nunca aparecieron los niños o sus cuerpos?

—Hasta la presente no. Y poco a poco fue desapareciendo el miedo que todos los vecinos, jóvenes y mayores, teníamos por la seguridad de nuestras casas y nuestras vidas.

—Y los que hicieron eso ¿Fueron encarcelados? ¿Dijeron porqué lo habían hecho?

—Nadie fue encarcelado y nunca aparecieron los asesinos.

— ¿Y los niños como eran? ¿Qué edad tenían?

—La niña se llamaba Herminia, con el pelo rubio, piel blanca como la leche, una cara graciosa, y una sonrisa especial. Decía su padre que era porque los colmillos de arriba le sobresalían un poco.

—El niño se llamaba Santiago pero todos les decíamos nene, era muy diferente de los otros dos, moreno de cabello y piel, con un cuerpecillo robusto y listo como ninguno, siempre que veía a mi padre se iba con él, y con una vara que le preparó no dejaba de hostigar a las vacas que pillara a su alcance. Era muy buena familia, nunca hicieron daño a nadie.

—Muchas gracias por compartir sus recuerdos conmigo, José Manuel.

Nel tomó dirección a la casa, quería estar allí, pensar en todo lo que le había contado José. Fue algo increíble, demasiado dantesco incluso para la posguerra. ¿A qué se dedicaba Esteban? Que no era una persona rural le quedó claro. Pero ¿De dónde venía? ¿Cómo se ganaba la vida? ¿Por qué ese crimen tan cruel? ¿Por qué asesinar a todos los miembros de la familia? ¿Qué buscaban? Y lo más importante ¿Qué pasó con los pequeños?

Se sentó con la espalda apoyada en un gran castaño que estaba frente a la casa y el establo.

—Campeón, hay demasiadas incógnitas en lo que pasó. Sabemos que Esteban no era precisamente una persona débil, por lo que tuvo que ser reducido, por al menos dos personas. Una sola no podría haberlo cogido y atarlo a la silla. Debía de estar solo o amenazado de alguna manera. Lo más seguro es que tuviesen a un miembro de su familia y si no hacía lo que quería o querían, lo matarían. Imagino que los niños estaban con los padres, y al ver lo que pasaba gritarían o llorarían. Por lo que el hijo mayor al oírlos vendría corriendo para ver que estaba pasando, abrió la puerta de manera precipitada y sorprendió a los que estaban en el interior, siendo la reacción de éstos disparar sin pensar a quien lo hacían junto a esa puerta —Le dijo Nel a Thor señalando la puerta que había frente al establo— Por lo que deduzco que el muchacho no sabía nada de lo que en realidad estaba ocurriendo en el interior.

Estaba Nel pensando en todo esto acariciando a su fiel compañero cuando un escalofrío le recorrió la nuca.

—Ufff, Thor, ¡que escalofrió he sentido ahora mismo! Vámonos a casa que ya se ve muy poco, a ver si me voy a matar por ahí.

Se incorporó y sacudiéndose las hojas prendidas en su ropa creyó oír algo.

—Thor caya, he oído algo. No es nada, sigamos— le dijo Nel empezando a caminar.

Pararon en seco los dos, volviéndose en dirección a la casa, encrespándose el pelo de Thor y emitiendo el sonido gutural que indicaba miedo. Permanecieron en silencio durante unos segundos.

—Chssss, tú también lo has oído ¿verdad?— le dijo mientras se agachaba y le mandaba a Thor “Suelo” —No se oye nada campeón, vámonos que estamos perdiendo el tiempo.

Antes de erguirse totalmente, lo volvieron a oír. Era un llanto lejano, parecía que era de un niño pequeño. Se volvió a repetir en dos ocasiones más, pero de manera tan tenue, que les resultó imposible darle una localización. Trascurridos más de veinte minutos sin volverlo a escuchar, iniciaron su camino de vuelta a casa.

—Thor, ahora me he acordado de que en una ocasión en la que estaba con mis tíos en una jornada de caza con galgos, al apresar éstos una liebre, me pusieron los pelos de punta. El grito de desesperación cuando se aproxima la muerte es como el llanto de un niño pequeño. A lo mejor es eso lo que hemos oído. Es lo bastante de noche para que un búho real o cualquier otro depredador nocturno le hubiese dado caza a una de ellas.

 

AL ATARDECER // CAPÍTULO XIII

 

 

 

AL ATARDECER

CAPÍTULO XIII

 

Llegó a la casa, arrastrado por una tristeza que no recordaba haberla sentido ninguno de los días que llevaba allí. Le hubiera gustado ver a Johanna, acompañarla durante unos minutos y disfrutar de su presencia. Se sentía atraído por ella sin poder dar una explicación lógica, simplemente le gustaba. Posiblemente fuese la edad, la soledad, la necesidad de amar y ser amado. Pero sí, le entristecía  no verla, hasta el punto de que toda la belleza que le rodeaba era anulada por ese sentimiento.

—Joder Thor, ¿cuándo dejaré de ser así? De enamorarme al primer golpe de vista, de que mis emociones sean dependientes de ver a esa persona, aun siendo consciente de que para ella a lo mejor ni existo. Solo la he visto en dos o tres ocasiones y ya tengo la sensación de que he estado buscándola toda mi vida. ¿Por qué sustentaré mi felicidad en unos pilares tan débiles?

Nel Preparó el portátil para que, al igual que la noche anterior, grabara cualquier cosa o fenómeno —por llamarlo de una forma más técnica— si ocurría. Necesitaba saber qué estaba pasando, si era al fantástico que estaba en su mente, alguna broma muy pesada y trabajada para una persona que no tenía intereses algunos en ese lugar, o como deseaba, se trataba de una revelación espiritual.

No tardó en dormir, cuando sobre las cinco de la mañana los volvió a despertar un ruido en la planta baja.

—Corre, Thor, he oído ruido abajo —bajó las escaleras de manera atropellada.

Vio otra vez las velas encendidas, y su mochila tirada otra vez en el suelo. Recogió todo y lo volvió a depositar en ella. Observó por toda la estancia si existía algo fuera de lugar, no encontró nada anormal. Se preparó un café y un cigarrillo con intención de ver los últimos quince o veinte minutos de lo que se había grabado en el portátil. De todas maneras ya no podría seguir durmiendo y el amanecer estaba próximo.

Estaba ensimismado contemplando como, y al igual que la vez anterior, las velas se encendían al unísono. Cuando se iluminó esa zona, apareció frente a él el rostro de una niña, de tez blanca, con cabello rubio, muy delgaducha, pero fue la cara de ésta, la que le causó más impresión. Había en ella una tristeza terrible, pero no lloraba, sólo una mirada triste y serena. Nel quedó atónito frente a esa imagen, triste pero dulce. ¿Que podría hacer él? No conseguía comprender por qué le estaba pasando esto, es cierto que lo había deseado en muchas ocasiones, pero siempre creyó que estas cosas eran sólo producto de una mente que suplía cualquier carencia de una vida antisocial.

Ahora se encontraba pasando un puente desde la explicación científica a la realidad que él estaba viviendo o estaba creando su mente. Dónde acaba lo material y empieza lo inmaterial. ¿Por qué cerrarnos en la existencia de todo aquello que podemos tocar?, pero sin embargo, obviamos lo que oímos, si no sabemos de donde proviene, notamos Como una ráfaga de aire frio recorre nuestra espalda, sin moverse una pizca de aire, vemos, en este caso a través de la pantalla de un portátil, lo que no podríamos ver de forma natural, y olemos, como huele ahora, con este perfume fresco y agradable.

—Es preciosa, Thor. Ojalá podamos hacer algo por ella. Sabes que en nuestra cultura, encender una vela para las personas fallecidas es con intención de que esas almas no caminen entre tinieblas. No habría alegría más grande que ayudar a que esa niña halle la luz que le guiará por el camino del descanso eterno.

 


Un día de mierda

 

 

 

Un Día de Mierda.

               Este relato que ahora os cuento ocurría una tarde de primavera en la que estaba en los alrededores de mi ciudad, que para que los que no la conozcan es poseedora de una sierra preciosa, esa tarde, como siempre me ocurre, porque siempre me hago la promesa de fijarme una hora de vuelta, pero como siempre, llegada la hora de volver ocurrió un imprevisto.

               Caminando cerca de la hora en la que tenía que volver vi una baña de Jabalíes, lo que como fotógrafo aficionado me entusiasmo pensando que sería un lugar estupendo para fotografiarlos, pero por desgracia para los que me rodean y agradecido de su infinita paciencia, vi que accedían a la charca por un  túnel que se abría en la maleza compuesta en su mayoría por zarzales, y yo que soy una persona de naturaleza curiosa no pude controlar mi instinto de seguir por ese pasadizo para ver de donde provenían los bichos. Como no podía ser de otra forma me adentre en él, primero intente ir agachado, lo que fue un fracaso total por que la mochila se me enganchaba y era imposible avanzar, me senté para quitarme la mochila y ponérmela como cateto que va a Madrid, en el pecho para seguir avanzando en lo que se recordaría en la historia como una hazaña jamás superada, cuando oí el segundo rasgón de mi anorak, me postre de rodillas, no para pedir ayuda al Señor sino todo lo contrario para caminar como abstemio con cuatro copas, a gatas en esa pequeña travesía que se me hizo interminable, mientras Thor no dejaba de empujarme con su hocico, pues parece ser que el pobre se estaba agobiando al ver que al igual que él yo no tenía muy buen manejo andando con los cuatro miembros, decido dejarle que pasar con el consiguiente enganche de los dos con las zarzas, para él fue algo que paso sin más problema, pues lo único que dejo fue un poco de su abundante pelo, para mí fue un motivo de recuerdo, pues al oír en varias ocasiones como se rasgaba mi anorak no dejaba de acordarme de mí mujer. Thor cuando se vio con total libertad para caminar empezó su trote en dirección a la salida, que imaginé tendría que haber en algún lugar, más que nada, porque estaba hasta los huevos de andar a cuatro patas y deseaba cual “homo erectus” caminar sobre mis dos patuchas, pero para mí desazón no encontraba el final, cuando oí jadear a Thor que volvía en busca de su dueño, “más cariñoso él” acercándose ni corto ni perezoso como si llevara un siglo en mi ausencia, fue directo a darme un besico… el hijoputa debía de haber salido del zarzal y haber encontrado algún olivar o camino o sepa dios, porque al darme ese lengüetazo tan cariñoso note que se había comido una chufla, madre mía, cuando me dio el olor a mierda no dejaba de dar arcadas, diez minutos estuve de rodillas con los brazos cruzados y mi cara en medio, porque su afán solo era hacerme participe de la chufla que se había comido, y es que desde que lo tengo lo he acostumbrado a ser generoso y compartir, cuando él se dio cuenta de que no me apetecía compartir tan delicioso manjar decidió que era hora de seguir, así que haciendo un gran esfuerzo deje de dar arcadas pues aún duraba el olor en mi nariz, sin la posibilidad de dar marcha atrás ya que había recorrido un buen tramo decidí seguir adelante con el deseo de que Thor se hubiese quedado satisfecho y no buscara otra más para seguir llenando su barriga. Y fue cuando al llegar al final de ese tortuoso camino me erguí estirazando mi cuerpo hasta el punto de llegar al descoyuntamiento cuando vi que había salido a un camino y cual fue mí sorpresa cuando al girar mi cabeza a la derecha y a unos cuatros metros volví a ver la misma charca con el mismo túnel de zarzas por el que había entrado, y sin  dejar de pensar en la bronca que estaba por venir al haber roto el anorak me dije. “Con dos cojones Manolo, esto si es una expedición de mierda”

lunes, 1 de febrero de 2021

COVID 21

 

 

 

 

            Hoy, en una de las llamadas que recibo en mi segundo encierro para preguntar por si hay algún cambio en mi salud y tras una pequeña conversación y como despedida me ha dicho;

            —Cuñao porque no escribes algo de la mierda esta.

             Sinceramente me hace ilusión que me pidan que escriba sobre algo, pero de verdad os digo que escribir sobre el virus ya raya bastante y no quiero seguir con algo que nos está machacando. Aunque bien es verdad que estas circunstancias me están haciendo ver muchas cosas que antes desconocía o no prestaba atención,           

            Una de estas es que por fin he comprendido desde que utilizamos la mascarilla, porqué en la mayoría de la literatura árabe se hace mención a los ojos… ¡Tócate los huevos, si no veían otra cosa!

            Y contra todo pronóstico hay que reconocer que nos estamos acostumbrando a llevar la mascarilla a pesar de algunos contratiempos;

            El otro día que estaba bastante feliz me dió por sacarle la lengua a una niña que me miraba sorprendida… Madre mía estuve toda la mañana dando arcadas y tenía pelusa de la mascarilla hasta en la campanilla… aunque aún tenemos algunos inconvenientes que deben estudiar los técnicos, ya que vivo en un mundo de penumbras permanente con las gafas siempre empañadas aunque tiene algo positivo y es que me estoy haciendo un experto en reconocer bultos, porque verlos con nitidez es imposible. El otro día cabreado de tanta neblina me coloqué dos esparadrapos sujetando la mascarilla a ambos lados de la nariz, y he de reconocer que esa idea hizo que se me saltaran las lágrimas, no de emoción o acierto sino a la hora de quitármelo…creo que con el esparadrapo me lleve el lagrimar, “Por dios que mal rato pase” y encima toca disimular.

            Y el tema de las relaciones sociales ¿Qué?;  La verdad es que antes cuando ibas caminando y veías a un amigo por la acera de enfrente, cruzabas y le saludabas con un abrazo y entablabais una conversación discreta, pero no, ahora hay que respetar la distancia de seguridad lo que te lleva a ser más ordinario que la música de las grecas, total que te acercas todo lo que puedes al bordillo de tu acera, preparas tus pulmones expirando todo el aire que puedes para salvar la distancia de cuatro carriles de circulación, un seto y una fila de coches aparcados a ambos lados y desde ahí y a voces comienzas la conversación…

            —Pacoooo —este que se gira y te saluda levantando la mano con la inseguridad de no saber quién le está hablando— ¿Cómo estás?

            —!Ehhh¡ me alegro de verte —y una mierda se dice para sí, no se quien cojones eres intentando sin éxito conocer al que lo saludaba intentando mirar a través de unas gafas empañadas en la parte superior y con un charco de condensación en la parte inferior — estoy muy bien y ¿Vosotros

                        —Nosotros estamos muy bien, parece que por ahora nos escapamos del bicho —le respondió desde la acera de enfrente— estamos pendientes de una PCR por que el otro día fue a casa mi sobrino que estuvo con su primo que tiene familia fuera y un amigo del primo del primo de mí sobrino que estuvo en una fiesta con otros amigos y creen que uno de los amigos de los amigos del amigo del primo de mi sobrino había estado en una fiesta en la que estuvo un positivo que por lo que se ve lo había contagiado su abuela que a su vez la contagio una conocida del centro de día que tenía un nieto carnicero que dijo qué uno de los clientes se lo contagio a él porque decía que trabajaba con uno que dio positivo en covid.

            A estas alturas de la conversación se encontraban todas los viandantes en un radio de cincuenta metros parados con la incertidumbre del resultado de la PCR, unos agachaban la cabeza mientras maldecían —puto coronavirus— otros movían la cabeza de lado a lado —la que nos han liao, me cago en su put…. — y fue aumentando las conversaciones entre unos y otros hasta que todo fue un caos de voces y conversaciones entremezcladas en las que nadie sabía a quién preguntaban y quien les respondía.

            Lo más complejo de todo esto es la prohibición de fumar en las terrazas… eso si, en mi tierra y creo que en todas partes se lleva a rajatabla: Hace unos días por navidad fui a tomar unas cañas con la familia, bueno la familia que se reducía a tres personas incluida yo, fue sorprendente para mí que prácticamente no salía desde el estado de alarma, ver como las terrazas estaban ocupadas y solo quedaba una que hacia límite con la superficie de la terraza, eran las siete y media así que no podíamos tomar alcohol, pero fue lo más sorprendente de esto que al ser fumador me daba cosa levantarme y separarme para poder hacerlo, y cuál fue mi sorpresa cuando observo a mi alrededor que los y las fumadoras se levantaban de la mesa y en el mismo lugar se fumaban el cigarrillo, viendo una cosa tan absurda pregunte a mis acompañantes “¿Se prohíbe fumar en las terrazas? O ¿Se prohíbe fumar sentado en las terrazas?... Bueno se puede decir que esa es nuestra naturaleza —respondió— entendemos e interpretamos las leyes como nos da la gana.

            Pero donde mejor lo paso es en el tema del saludo, me resulta gracioso cuando dos personas de una edad confusa —ni viejos ni jóvenes— se encuentran… Y es que ante la falta de practica e intentando ser más que todos los demás respetando las normas, el uno que se acerca a dar un abrazo, el otro que extiende su mano, el del abrazo se da cuenta de que no puede tener contacto físico y retira el brazo y la mano y prepara el codo —eso es lo último, lo más moderno— el otro que no le da tiempo a preparar el codo y queda al descubierto, el otro que sigue en su trayectoria impactando en el pecho del amigo y cayendo al suelo, el amigo que se queda sorprendido por que no puede darle la mano o cogerlo para ponerlo de pie, a duras penas consigue levantarse y después de pasar por tan nefasto intento de saludo acaban con un ¡Ehhh!, ¡Ahhh! Otro día con más tranquilidad y más preparación lo harán mejor

 

            Espero que este pequeño relato te guste y que estés muy bien. Te deseo lo mejor y desde estas páginas quiero hacerte llegar mi abrazo.